miércoles, 4 de septiembre de 2013

UNA VISITA A LA BIBLIOTECA PATROCINIO BIEDMA

Por razones familiares, he tenido que pasar el mes de febrero de este año de 2013 en Begíjar. Algo en verdad insólito, si se tiene en cuenta que esto no ocurría desde 1961.



Pues, un buen día, ya en Begíjar, muy necesitado de lectura, me dirijo a la biblioteca pública donde cordial y voluntarioso, como siempre, me recibe Antonio Maeso, el bibliotecario:


  • Tengo casi todos tus libros, Francisco, pero me faltan algunos que no sé dónde encontrarlos. 



La biblioteca pública de Begíjar constituye una mezcolanza donde conviven sin interferencias las mesas de formica de los ordenadores, el mostrador de madera noble, el metal de las estanterías, el cristal y el aluminio de puertas y ventanas y un techo de luces mortecina no exento de notables desconchones.

  • Antonio, si me dices los títulos que te faltan –le respondo-, haré lo posible por conseguirlos, pues algunos ejemplares tengo todavía en casa. 



Desde la biblioteca se divisan las palmeras de las casas vecinas y un esquinazo de la iglesia, el mismo que se veía desde el patio de la escuela de don Cristóbal, una de las primeras a las que asistí.

  • Antonio -le pregunto-, ¿qué libros me recomiendas, además de los de siempre y éste otro de Eslava Galán, titulado El mercedes del obispo? 

  • Por mi parte, hay dos, a cual más interesante –me ataja con decisión-: La ruta prohibida, de J. Serra, de contenido histórico, y Crónicas de cordel, de Manuel Amezcual, sobre cosas de Jaén. 



A partir de ese momento, Antonio me entrega los libros, me hace socio de la biblioteca, me recuerda la fecha de caducidad y, diligente, vuelve a su asiento, desde donde sigue atendiendo sus faenas rutinarias.



Cuando me dispongo a marcharme, dirijo la mirada, una vez más, al par de cuadros que presiden la estancia. Uno de ellos corresponde a doña Patrocinio de Biedma y La Moneda, titular de la biblioteca, la cual, en blanco y negro, serena y aristocrática, parece darnos la bienvenida. El otro cuadro representa la imagen amable y cercana de don Jesús Mendoza y Negrillo, último hijo predilecto de este pueblo. 



Siempre he tenido buenos motivos para visitar la biblioteca pública de Begíjar, pero, a partir de ahora, añadiré a esos motivos la presencia de doña Patrocinio y don Jesús, quienes, cada uno a su modo, me invitan constantemente a leer, a pensar, a ser. 



Begíjar, Febrero de 2013
Francisco Martínez Calle