lunes, 8 de julio de 2013

CUADROS DE PUEBLO

Ya conocemos la gran vocación literaria del sacerdote begijense Don Ildefonso Vargas López al que ya le hemos dedicado varios artículos en esta revista.
En esta ocasión nos han traído unas fotocopias del periódico “La Regeneración”: diario religioso, político y literario en el que el sacerdote colaboraba a la par que en muchos otros.
Este artículo fue escrito en 1916 y retrata con auténtico realismo las fiestas de Santiago de su pueblo natal, lo hace con tal maestría que nos hace imaginar perfectamente los hechos descritos y mejor aún los veréis todos aquellos que al igual que él tenéis la suerte de seguir viviéndolos aunque todo haya cambiado un poco con relación a la época.
Aquí os dejamos el artículo para que lo disfrutéis.
CUADROS DE PUEBLO
Las fiestas de Santiago en Begíjar.
No está en narrar todos los sucesos el mérito de un cuadro popular, sino en fijar su silueta ó sus contornos con arte y sal literaria, de suerte que el tal cuadro se distinga á larga distancia de otros que ostenten fisonomía parecida. Manos a la obra, y que el acierto me guíe, en gracia siquiera á que de esta villa soy, y á nadie cedo la venta ni al que ame con más ardor las alegrías inocentes de las fiestas de Santiago, de tal modo que no marchitan mi amor á ellas las injurias de los años al sembrar canas en mi cabeza. Yo siempre soy nuño de estas fiestas; y si otra cosa dice mi partida de bautismo, no hay que creerla cuando llega el 25 de julio y pregonan por la calle los “aguaneveros” el helado, diciendo ¡cuajá y rica!
Aunque nos abrasemos de calor y nos den por tres cuartos una garrafa de mantecado, aquó no bebemos helado sino una vez al año: en Santiago. Y si costara un ojo de la cara, cuando llegan esta fecha nos quedaríamos tueros y contentos todos con esa cruz al hombro, por hartarnos de bebida tan fría.
Media docena de mozalbetes, de porte andaluz y airoso, vocean esta mercancía la víspera de la fiesta por todas las calles del pueblo. Ninguno lleva chaleco y sí lucen camisas de color más limpias que los chorros de agua, pantalones claros, alpargatas nuevas y un pañuelo de seda con todos los colores del iris, graciosamente liado á la cabeza y cuyos extremos cuelgan por la espalda, si el vientecillo de la tarde no se entretiene en juguetear con ellos, cual si tomara parte también de la tradicional fiesta.
Y hay que veros cantar el ¡cuajaaaa y ricaaa…! con más ilusión que si vendieran dicha ó si ofrecieran la felicidad. No parece pregón sino grito de alegría.
Por la noche y á la siguiente también, (la del día 25) se ve la plaza y el paseo llenos de parejas que tienen bastante de originales. Son la mayor parte de gente humilde, que hartos de segar y espigar, con el rostro tostado por el sol de aquí que quema casi como el sevillano, vienen “á las almendras”. Se comen estas quizá como se cumple un voto; y de las diez en adelante vénse llegar matrimonios “de brazalete”, él con el “chaleque” al hombro, un cigarro tras de una oreja; y en la otra un tallo de albahaca, la gancha al brazo, el sombrero como cae, y su cara, que parece de carbón, forma un contraste con la blancura de la camisa, que relampaguea de puro nívea.
Suenan las almendras en el peso con sonido que alegra el oído, sonido y oído que se reconocen como dos amigos que se ven al año justo. Toman los dulces (la esposa siempre recibe el cartucho, mientras él paga ufano los cuatro reales), y de brazalete curiosean la plaza, pasan por delante de los casinos como dos monarcas que tienen á menos mirar á nadie, y parten para el paseo a tomar helado y oir la malagueña que tocará la música. ¡Dicha más grande no se goza sobre la tierra!¡Felices y cómo envidio esas horas de vuestro gozo!
Otras parejas cenan temprano para tomar asiento cómodo sobre la dura piedra de las “parillas” del paseo, y allí se ve mirando mucho, pero callando más, como si asistieran á un sermón de cuaresma. Comen de vez en cuando camarones ó almendras y platican á ratos con algún vecino sobre quien ha segado más ó acerca de si los Santiagos de antes valían más que los de ahora. –El marido bosteza reclamando descanso á cierta hora, y la mujer se niega á dejar el paseo por seguir examinando el señorío que se agita, dichoso, bajo un océano de luz eléctrica. Y, con los ojos que son dos astro, mira y remira el lazo, la falda, el peinado y mil detalles de indumentaria de aquellos seres para quienes los gusanos elaboran seda.
¡Qué madrugadas de tomar aguardiente con churros en casa de Manolo y de dulces finos en la confitería de Cachopieza!
Si hacen mil pesetas cada noche y se quejan estos señores de la mala venta y reniegan de su suerte. Más de la mitad del vecindario no duerme en dos noches gastando dinero como si estos ganasen …(andores)……o se dispusiera de un tesoro que regala el Santo.
Viene la luz del día, y las frutas y hortalizas que en la plaza se muestran hacen recordar las de las capitales y poblaciones de rango. Cada cesta que se trae á la plaza se llena de lo mejor, como si fuera Creso el que compra, y nadie se olvida de comprar albahaca. Una cesta sin albahaca está avergonzada. ¿Santiago y sin esta planta? Eso n o puede ser.
En la madrugada del 26, se oye un verdadero escándalo campanil, si me dais licencia para hablar de esta manera. Diríase que no manejan las campanas hombres de razón, sino que una oleada la locura tomó posesión del campanario. Los más dormidos son despertados de sobresalto, y las voces desentonadas de todas las campanas hace pensar que arde el pueblo, en degüello ó en si delira quien tal oye. ¡Ah! es el toque de alborada que hacen los pastores de la hermandad de Santa Ana, después de beber aguardiente ó un bebistrajo casero que marea y enloquece. Con tiempo y mimbres alguna vez haré este cesto, digo, hablaré de los pastores en la fiesta.
  • ¿De dónde vienes tan enlutada y llorosa?
  • De la iglesia, hija, que he mandado aplicar una misa por mis difuntos. ¡Las almendras de Santiago! ¿No van los pobres a probarlas? ¡Hasta el Purgatorio llegan estas fiestas!


Julio, 1916
Ildefonso Vargas