jueves, 13 de junio de 2013

LAS OLIVAS NO HACEN ROMANA

Un día del mes de agosto, dando un paseo por el campo en animada charla con José, me sorprendió éste con una expresión, tan infrecuente como llena de sentido común. Todo empezó así: 
  • Mal andamos este año de aceitunale dije a José, siempre parco en palabras, mientras observaba las olivas junto al camino, casi todas rígidas, sin fruto, sin color y casi sin hojas
  • Cómo estaránme respondió, resignado, mi contertulio-, que ni una sola hace romana
Y ahí fue mi sorpresa, porque, aunque es frecuente el empleo del término romana en cualquier conversación, no lo es tanto la locución hacer romana, y, menos aún, en el sentido utilizado por José. 
Luego, tras algunas consultas, averigüé que, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, hacer romana significa, además de otras cosas: ‘Equilibrar o contrapesar una cosa con otra’
Efectivamente, mi amigo acertó plenamente con su expresión. Si la oliva hubiera estado cargada de fruto, sus ramas no estarían tiesas como garrotes, sino curvadas, haciendo romana entre dos extremos: uno, la base de la rama, que haría de pilón; y el otro, el tallo, de donde penderían las aceitunas. 
Me satisfizo mucho la imagen utilizada por José. Pero no solo por su preciso significado (‘equilibrar’, ‘contrapesar’), sino por su profundo simbolismo, ya que percibo que en esta vida todo tiende, de mil maneras diferentes, a compensarse, a equilibrarse, a complementarse. 
Estoy convencido de que vivir no es más que hacer romana con nuestras vidas, que, por una parte, se muestran ansiosas por disfrutar de la existencia, y, por otra, continuamente sometidas al peso de las circunstancias. 


Francisco Martínez Calle 
Begíjar, agosto de 2012