jueves, 7 de marzo de 2013

Y SI NO, PARTIMOS RAMALES


Como todo en este mundo es pasajero, no me extrañaría demasiado que algunas expresiones populares, usuales hasta hace unos años en Begíjar, desaparezcan dentro de muy poco, si es que no lo han hecho ya. Así ocurre con la locución partir ramales, cuyo origen supe no hace mucho. Todo ocurrió del modo que a continuación diré.
Bueno, aquí nos vemos el próximo lunes, a las siete, para dar nuestro paseo matutino –le dije un día del pasado agosto a Juan Rascón, hombre formal y serio, a modo de despedida, después de un encuentro fortuito y posterior conversación.
  • Muy bien, Francisco -me respondió cortés, para luego continuar-: si te va bien, estupendo; y si no, partimos ramales y tan amigos.
  • ¿Partir ramales, Juan? –le pregunté, interesado, por parecerme una expresión con intenso sabor a campo, a pueblo, a Begíjar.
  • Hombre –me aclaró, enseguida-, yo creo que esa expresión viene de hace mucho tiempo, cuando se segaba a mano. Si varios hombres hacían esa faena en el mismo tajo, compartían la madeja de ramales con los que ataban las gavillas de mies. Pero si, por cualquier circunstancia, se separaban (no eran infrecuentes las desavenencias por diferentes motivos), entonces tenían que partir los ramales, en el sentido de repartir, y seguir cada uno su propio camino.
  • Me resultó tan clara y convincente la explicación de Juan, que juzgué innecesario añadir nada a lo ya dicho.
  • De acuerdo: el lunes, a las siete, aquí –asentí, a modo de despedida.
Es verdad, pensé después, que hay actualmente otros modos de decir lo mismo que cuando utilizamos partir ramales (separarse, elegir caminos diferentes, ir cada uno por su sitio, tomar caminos separados…), pero, para mi gusto, ninguno tiene esa impronta tan característica del lenguaje popular de Begíjar.
En cualquier caso, está: compartimos lo que sea del agrado de todos; pero, en caso contrario, partimos ramales, como hacían antaño los segadores cuando, por cualquier razón, les era imposible usar la misma madeja.


Francisco Martínez Calle.
Begíjar, agosto de 2012.