jueves, 7 de marzo de 2013

VISITA A PEDRO RASCÓN MARÍN


Hemos visitado a Pedro Rascón Marín. Cien años cumplidos y nos ha dejado perplejos la capacidad de sensatez que tiene este señor. Lo hemos encontrado escuchando las noticias que daba un programa de televisión, las cuales ha comentado con gran prudencia y cordura, ha opinado sobre la mala situación económica que está viviendo España y Europa, nos ha razonado el porqué, según él, nos encontramos así. Le gusta estar al día de lo que sucede en España y en el mundo. Y con rostro preocupado y contrariado nos dice que no siente esta situación por él que vive holgadamente sino, por sus nietos y jóvenes en general que están parados y emigrando a otros países, buscando lo que aquí no encuentran. Pedro nació a principios del siglo XX, el 19 de junio de 1912. Su vida ha sido una vida anónima, una vida dedicada principalmente al trabajo y a su familia.
Cuando apenase contaba tres años se quedó huérfano de padre y esto marcó mucho la evolución de su vida pues su madre se tuvo que hacer cargo de sacar adelante a él y a sus hermanos. Todos eran una piña y ayudaban cada uno en lo que podía. Su madre montó una panadería en Begíjar y ellos iban a por harina a los distintos molinos que había a lo largo del río Guadalquivir. Con solo 7 años se montaba en un burro y salía a comprar harina o a cambiar trigo por harina para hacer el pan. Siempre iba acompañado con otras personas que iban al mismo lugar. Nos dice que los molineros se portaban muy bien con él y le ponían la carga en las alforjas del animal e incluso le ayudaban a acomodarse bien en el burro o el mulo. Por entonces no había peligro ninguno pues en Begíjar solo había tres coches y un autobús que iba a Jaén. En los caminos casi nunca encontrabas a nadie, pues el poseer un vehículo era algo asombroso y sorprendente. 
Recuerda cuando sólo había una bombilla en su casa y algunos candiles repartidos por lugares estratégicos de la casa. ¡Cómo ha cambiado todo! Ha conocido una vida de carestía y penuria y una vida de abundancia y derroches.
Como desde muy pequeño trabajó ayudando a su madre no tuvo tiempo de ir a la escuela, sólo lo hizo para poder hacer la primera comunión. Todo lo que sabe se lo enseñó un maestro amigo de la familia que le daba clases en su casa. Éste le enseñó a leer, escribir y a hacer cuentas. Con esto ya era suficiente para poder defenderse en aquellos tiempos que le tocó vivir y en los que era más urgente trabajar para obtener el sustento propio y familiar.
Es una persona agradable y muy sensata, nos dice que ha vivido en varias calles de Begíjar y siempre se ha llevado muy bien con todos los vecinos, cada uno ayudaba al otro cuando lo necesitaba y así podían salir de más de un apuro. De todos ellos guarda un buen recuerdo.
Se casó con 31 años con María Marín Prados con la que ha tenido cuatro hijos por los que se han desvivido siempre, procurando que nunca les faltara de nada. Para lograrlo, ha trabajado en todo lo que ha podido: en la panadería de su madre, en un horno que tuvo arrendado en la vega de Santa María, en la recolección de la aceituna en el cortijo de La Laguna, sembrando algodón en la vega, acarreaba el trigo a Sevilla cuando había que entregarlo al gobierno… Sus hijos le han dado trece nietos y éstos 8 bisnietos.
Nos dice con quebranto en su mirada que lo peor de vivir tantos años es que ha tenido que sufrir la muerte de personas muy queridas por él: su mujer, un hijo y un yerno. A todos los quiere mucho y no los olvida nunca por mucho tiempo que pueda pasar. ¡La pérdida de seres tan queridos es algo muy duro de superar!
Celebró su cien cumpleaños rodeado de toda su familia que le transmitió el amor que sienten por él al igual que el que él siente por todos ellos. También el ayuntamiento de Begíjar le organizó un homenaje que le hizo mucha ilusión y por el que les está muy agradecido.
Ahora, vive solo. Le gusta ver la televisión, echarse un solitario con las cartas de vez en cuando, pasearse por el barrio los días de sol y cuando el tiempo no se lo permite se pasea en el pasillo de su casa pues no quiere que sus piernas dejen de moverse.
Nosotros no podemos más que desearle que los años de vida que le queden siga así de bien tanto física como mentalmente pues no son muchos los que llegan a cumplir cien años y, sobre todo, en las condiciones que él se encuentra.
Felicitamos a Pedro y a su familia que pueden gozar de él durante tanto tiempo.



Juana Villa-Real Cruz.