viernes, 18 de enero de 2013

TROVA SANTO REINO


Trova Santo Reino, bonito nombre para una rondalla y éste es el nombre que ha elegido la rondalla que, recientemente, se ha formado en Begíjar.
Fue por el año 1978 cuando los niños y niñas del colegio Ramón Mendoza iniciaron como actividad extraescolar la formación de una rondalla. Se creó un gran grupo dirigido por el profesor de música don Gerónimo Morales y su hijo. Guitarras, bandurrias, laúdes y unas voces angelicales hacían las delicias de todo el que los escuchaba. Aprendieron a tocar piezas como: Carrascosa, Bolero de Baeza, El sitio de Zaragoza, Katiuska, La rosa del azafrán… Interpretaban en los finales de curso; también lo hicieron en la catedral de Baeza, Ibros, Lupión, La Iruela. Recuerdan con cariño ese bocadillo y esa lata de Coca-Cola que después de sus actuaciones les ofrecían. Alrededor de 5.000 pts. por comprar el instrumento y 50 pts. mensuales era lo que les costaba formar parte de aquel grupo que tantas alegrías les dio. Dinero que, aunque ahora parece poco, por entonces era una cantidad considerable y muchos padres tuvieron que pagar a plazos o los niños recurrieron a sus abuelos para que colaboraran. Por este motivo guardan estos instrumentos con sumo cariño y no se desprenderán nunca de ellos.
Una vez disuelta esa rondalla hubo varios intentos de volver a formarla, intentos que no llegaron a cuajar.
Ha sido a principio de este año 2012 cuando, unos cuantos, de nuevo se han reunido para seguir con aquella actividad que iniciaron cuando eran niños de unos 10 años. Aunque, algunos no habían perdido el contacto, muchos de aquellos instrumentos estaban desde entonces guardados en las arcas y, estos jóvenes los han desempolvado y los han sacado de un profundo sueño para hacer sonar sus cuerdas con la mayor de las energías. Ponerse al día no les ha costado trabajo ninguno pues es mucha la ilusión y el empeño que tienen puesto en este proyecto.
Están dirigidos musicalmente por Andrés Soto Montiel, el cual pertenece a las Tunas de Linares, de Jaén y a la de la Uned. Andrés es muy ambicioso y le gustaría que aprendieran a un ritmo más ligero pero ellos hacen todo lo que pueden. Es un director muy completo, tiene una voz de escándalo y, sobre todo, una gran perseverancia porque esto salga bien. Son dos días de ensayo semanal y luego, y muy importante, la práctica que tienen en sus casas. Sacan las partituras de internet y las pasan a cifrado. A los ensayos deben venir con los deberes hechos si quieren que todo fluya bien. Lo hacen con gusto pues disfrutan haciéndolo. Son momentos de entretenimiento, de tener un quehacer fuera de su trabajo, de compartir con amigos, de emplear sus momentos de ocio en algo que les llena plenamente.
Lo que más les cuesta es tener que cantar, tocar y hacer “la ola” al mismo tiempo; pero, como dice el refrán: “El que algo quiere, algo le cuesta”.
Esta actual rondalla cuenta con 7 miembros de los de antes y 5 miembros nuevos: 4 guitarras, 3 laúdes, 3 bandurrias y dos panderetas; todos ponen su alma cuando aprenden y cuando practican y luego disfrutan cuando el resultado es satisfactorio. El benjamín de este grupo es Antonio Linares que toca la guitarra y aunque sólo tiene 14 años ya lleva 7 estudiando en el conservatorio.
Llevan pocos meses juntos y ya han aprendido unas 40 canciones: boleros, pasodobles, vals, habaneras. Un repertorio muy variado. Han sabido aprovechar bien el tiempo.
En el mes de septiembre se ha organizado en Begíjar un encuentro de tunas y ellos también han participado. Agradecen de corazón a todo aquel que les ha dado una palmadita en el hombro diciéndoles lo que les ha gustado y les ha dado ánimo para seguir. También han tocado ya varias serenatas, y de manera benéfica han animado a los usuarios de una residencia de ancianos haciéndoles pasar momentos especiales. No son un grupo con ánimo de lucro, sólo cobran para poder pagar los gastos de desplazamiento que puedan tener. También pretenden ahorrar un poco para hacerse unos uniformes que le de unidad y carácter propio al grupo.
Quieren dejar claro al lector que no son un grupo cerrado y que todo el que tenga conocimientos musicales y ganas puede formar parte de él. Ofrecen formalidad y piden formalidad, con esto es suficiente.
Desde aquí quieren dejar un recuerdo para José García Palacios y Francisco Jordán Navarro que en sus años también tocaban el laúd y bandurria, ambos ya fallecidos que eran los que les afinaban los instrumentos en esas otras ocasiones que intentaron unirse de nuevo.
También quieren reconocer la labor del ayuntamiento al facilitarles el local donde ensayan pues de no tenerlo no lo podrían hacer.
Yo también quiero agradecer al grupo que hayan querido compartir con nosotros esta experiencia para que en estas páginas quede reflejado su quehacer.
Les animo, yo que les escucho ensayar, a continuar y no desfallecer en el intento pues lo hacen verdaderamente bien y que sepan que no sólo pueden disfrutar ellos sino que pueden hacer disfrutar a los demás.


Juana Villa-Real Cruz.